Víctor García, maestro en Illinois

Víctor García, maestro en Illinois

Hace ya casi un año que comenzó para mí esta aventura, nuestra aventura. 

Me presento: Mi nombre es Víctor García, un profesor al que siempre le gustó que le llamaran maestro.

Mi familia y yo nos embarcamos en una aventura que continúa hoy en día. Como profesor, se me planteó el reto de cruzar nuestras fronteras y seguir dando rienda suelta a mi imaginación educativa a través de un mensaje: “Hacer que la gente conozca nuestras costumbres, nuestras vivencias, nuestra cultura, nuestro idioma”. En definitiva, enseñar castellano o “español” en Estados Unidos.

Un aventurero de profesión como yo no podía desaprovechar esta oportunidad personal, y sobre todo para mi familia, para mis hijos. 

Y así hicimos. Con todo el dolor de mi corazón tuve que decir un hasta luego a familia, a los amigos, mi ciudad, mi trabajo… Pero sobre todo y más doloroso, a mis alumnos.

Comienza el viaje

Así comenzó el tan ansiado viaje a los Estados Unidos, para ser más conciso, al estado de Illinois, distrito 46 (Grayslake).

La llegada no fue fácil, pero es algo en lo que no quiero ahondar, pues mi mente ha logrado autodefenderse a base de olvidar aquellos momentos que dejan un sabor amargo. La lectura final es que cuando uno tiene grandes amigos todo es más sencillo. De mi llegada se encargó uno de esos ángeles que aparecen en tu vida y te llevan en su mano como entre algodones. Ese fue Jesús Pintado, un grande entre los grandes.

Todo a mi llegada es diferente. Saboreo cada uno de los rincones como si fuera nuevo en eso de la vida. Todo me llama la atención como si fuera un niño que acaba de descubrir que sus ojos leen cada renglón del universo. Además, puedo disfrutar de observar ese catálogo de sensaciones a través de mis hijos. Soy un testigo privilegiado de sus vivencias, sus experiencias, aquello que daba sentido a este viaje.

 Recuerdo con muchísima precisión la primera visita a mi nuevo centro escolar, Avon Center School, que me impresiona gratamente. Sus clases abiertas, sus patios, sus gimnasios, compañeras que salen a recibirte con la mejor de sus sonrisas… siempre sonrisas.

Estas instalaciones hacen que mi mente empiece a divagar con la cantidad de opciones diversas en que puedo trabajar dentro de mi espacio natural, el aula.

Es difícil resumir un año escolar en unas líneas, por todas las sensaciones y vivencias personales y grupales que esto conlleva, pero por hacernos una idea, tengo que decir que el año fluye rápidamente en una clase formada principalmente por niños de padres de América Central y que quieren mantener su base cultural, en este caso el idioma.

Todo fluye perfectamente, hay quorum entre nosotros, hay feeling, hay risas, días de duro trabajo, días de aprendizaje académico y sobre todo el social… días escolares al fin y al cabo.

En cuanto al choque cultural, cabe destacar que es grande, muy grande. Con sus aspectos positivos y negativos, pero te das cuenta de que no solo nos separa un gran océano en cuanto a lo físico se refiere, sino que además somos diferentes.

Illinois es una zona muy al norte de Estados Unidos, por lo que los inviernos son francamente fríos. Según los lugareños, este año no ha sido duro, pero he visto -20 grados centígrados por primera vez en mis más de 40 años de experiencia en este alocado mundo.

Esta temperatura hace que la gente pase largas temporadas metido en casa, y esa es otra de las cosas que nosotros hemos notado, pues somos una familia “muy callejera”.

Aparece Covid-19

De repente y sin llamar, aparece la denominada y desconocida Covid-19. Empezamos a ver en el espejo asiático, y posteriormente europeo, que es algo que es inminente y que posiblemente se extenderá sin ningún tipo de problema por Estados Unidos.

Sin previo aviso, damos por concluidas las clases en viernes 13 de marzo. Un simple y acelerado “hasta luego”, que personalmente me paraliza el corazón.

Es un momento complicado explicar a pequeñas criaturas que nos vamos a dejar de ver durante un tiempo y, sobre todo, que no se sabe durante cuánto tiempo va a ser, si será definitivo o temporal. Miles de preguntas surgen de entre sus ágiles mentes y no sé contestar a muchas de ellas.

En este momento aparecen dos vertientes, la social y la académica. 

Por un lado, se paralizan todos los eventos a nivel nacional: deportes, conciertos, museos, restaurantes… Por otro, los centros escolares cierran sin fecha de vuelta y esperando acontecimientos que nuestro gobernador Mr. Pritzker nos va adelantando, aunque pinta feo, muy feo.

Ya cuando saltan las alarmas, empezamos a echar de menos nuestro querido Sistema Sanitario Español. Comienzo a leer que desgraciadamente en este país hay gente que tiene que elegir entre la vida o la ruina familiar total. Mucha gente puede permitirse el test del atroz virus, pero no puede elegir arruinar a su familia para comenzar con el tratamiento.

En cuanto a las clases, se convierten en clases online. Suerte que durante este año mis alumnos habían comenzado su andadura a través de Chromebook. Habíamos creado libros virtuales, nuestras propias guías personalizadas y, además, iniciamos proyectos conjuntos sobre la adquisición de nuestra lengua española. Por ello que mis clases siguen adelante sin ningún tipo de problema.

Ahora bien, el que me conoce personalmente sabe que soy de aquellas personas de contacto directo, de mirar a la cara y ver cómo se siente cada uno de mis alumnos, saber qué les ocurre en cada instante, qué les está pasando por la cabeza a cada momento… y eso, creedme, lo echo muchísimo de menos.

En el otro lado veo que mis chicos y chicas de 3th grade Avon Center School, están adquiriendo una independencia y autonomía que seguramente conmigo a su lado y con el apoyo de los compañeros no hubieran conseguido.

Ahora nuestra máxima preocupación se reduce a esperar acontecimientos y ver si será posible que podamos este verano reunirnos con aquellos que tanto hemos añorado.

Leave a Reply

Your email address will not be published.