Serena Juan, atrapada un mes en Tailandia al suspenderse los vuelos

Serena Juan, atrapada un mes en Tailandia al suspenderse los vuelos

Lo que iban a ser dos semanas de plácidas vacaciones en Tailandia se convirtieron en una odisea. Serena Juan Lobato estaba con su madre en una paradisíaca isla cuando se declaró la pandemia. Su estancia se prolongó más de un mes entre vuelos cancelados, gestiones ante varias embajadas, informaciones confusas, decisiones difíciles… hasta que el pasado martes 7 consiguió llegar a España. Esta deportista y entrenadora no ha llegado a estar en peligro, pero sí a sentir angustia durante una aventura en la que deseaba los que todos tenemos: estar en casa. 

Serena Juan Lobato pensaba estar dos semanas de vacaciones en Tailandia antes de acudir a Dubái para disputar los Gov Games, como capitana del equipo español. Viajaba con su madre en lo que eran sus primeras vacaciones en tres años, en las que esperaba combinar turismo y entrenamiento. Unas horas antes de embarcar en Madrid, el 2 de marzo, llegó el primer inconveniente: la competición se canceló, como tantas otras. 

Como la deportista tenía billete de vuelta hasta Madrid, para el 18 de marzo, las vacaciones empezaron tranquilas en la isla de Koh Tao. Pero según avanzaban los días, las noticias que llegaban desde España y de todo el mundo, iban siendo preocupantes: “Estábamos con calma, pero muy pendientes, porque desde allí tienes una información bastante sesgada”, recuerda. 

Desde que se decretó el estado de alarma en España, Serena actualizaba constantemente la información sobre su vuelo de regreso. 20 horas antes de la hora prevista, cuando ella y su madre se desplazaban desde Koh Tao hacia Bangkok, el vuelo se canceló. La compañía, Fly Emirates, les dijo que no habría más vuelos a Madrid, pero les ofreció a cambio un billete para Lisboa el 1 de abril.

“Nos quedamos allí, estábamos tranquilas, porque sabíamos que la vuelta era el día 1 y confiábamos en las indicaciones que nos daba la embajada de España en Tailandia, que si estábamos sanos y podíamos quedarnos, no nos moviésemos para no propagar más el virus”, cuenta la socorrista y entrenadora. En lugar de quedarse en Bangkog, que les pareció una ciudad caótica y con escasa higiene, optaron por regresar a la isla con un grupo de españoles. “Fue la mejor decisión para estar tranquilas”, recuerda, aunque poco duró la calma: “También se canceló ese vuelo y ya empezamos a preocuparnos de verdad”.

Contactaron nuevamente con la embajada española, que estaba recogiendo los datos de todos los españoles que se encontraban en el país sin vuelo de regreso. “Confiamos en sus indicaciones, porque entendíamos que estaban organizando un vuelo para volver. Pero en cuestión de días, todo empezó a revolucionarse, cada día llegaban noticias nuevas, de España, de Europa… La situación empeoraba exponencialmente y desde allí teníamos una visión muy distorsionada, porque no lo estábamos viviendo, y la embajada no nos daba información exacta”. 

Se creó un grupo de whatsapp entre los españoles atrapados en el país. “Había mucha gente con vuelos cancelados en el último momento, que se quedaban días en el aeropuerto, se perdían las conexiones y tenían que volver a pagar otro vuelo…”. Otro problema añadido es que se agotaba su visa transcurrido un mes desde su llegada a Tailandia y tenía que renovar trámites. 

De la confusión a la angustia

El 26 de marzo se declaró la alarma en Tailandia y empezaron a cerrar algunas fronteras regionales, lo que podría imposibilitar el viaje de Koh Tao hacia Bangkok. “Lo peor fue cuando recibí la noticia de que cerraban la frontera de la ciudad de donde salía el ferry y tenía que coger ese, que era el último, y mi pasaporte estaba en tránsito porque estaba extendiendo la visa. Yo ahí me asusté mucho, porque igual no podía volver”, recuerda.

En medio de la confusión, el 29 de marzo llegaron noticias de la embajada. Podían coger un vuelo de la compañía Qatar Airways, en el que se habían bloqueado varias plazas para españoles. La cara negativa era el precio, 1.173 euros por persona que debían abonar en 12 horas vía Paypal, sin garantía de cancelación. La decisión era muy difícil, máxime cuando había personas que ya habían pagado varios vuelos cancelados sin lograr el reembolso: “Pagara lo que pagara me podía quedar colgada en alguna escala. Los pocos vuelos estaban triplicando los precios y se estaban cancelando desde el aeropuerto o en alguna de las conexiones. Había gente que ya había pagado tres vuelos que se habían cancelado”. 

Y las noticias se disparaban: se ofrecía un vuelo a Fráncfort fletado por la embajada alemana a precio turista, otro de la embajada francesa hasta París por 450 euros a pagar en dos meses… Serena y su madre se decidieron por este último, que salía el día 4 de abril. Volvieron a Bangkok y se encontraron un aeropuerto en pleno caos. Un incidente con unos viajeros que se habían saltado el control sanitario amenazaba con cancelar todos los vuelos comerciales, incluido el que había bloqueado la Embajada Española hacia Barcelona. Fue el momento de mayor preocupación, en un momento en que los extranjeros eran orientados por funcionarios de distintas embajadas, pero no había nadie de la Embajada española. Serena está muy descontenta con esta institución, de la que “en ningún momento recibimos un mensaje de esperanza ni de tranquilidad”. 

Afortunadamente, el vuelo a París salió  adelante por la presión de las autoridades francesas. El día 4 llegaron a París, donde nada más aterrizar, llegó un mensaje a su móvil en el que la Embajada española le daba la bienvenida y se ponía a su disposición. “En París esperamos dos días porque nos salía más barato el vuelo, en un hotel al lado del aeropuerto, confinadas, con una hora para salir a comprar, a la farmacia, a correr… Se estaban poniendo muy estrictos”. A su llegada a España, el día 7,  se enteró de que había aprovechado una ocasión casi única para salir de Tailandia, que ha cerrado todos los vuelos hasta el 30 de abril. 

Al fin en casa

Serena está molesta con algunos comentarios leídos en los medios de comunicación y las redes sociales estos días y quiere dejar claro que “en ningún momento hemos pedido que se nos fletase un avión gratis para los españoles que estábamos allí”. Ahora repasa mentalmente su aventura, con momentos de auténtica angustia: “Ha sido una situación muy inestable todos los días, no sabíamos qué iba a pasar. Lo peor ha sido la confusión, no sabía si podía volver, debía quedarme… desde allí era difícil controlar la situación”. 

 Ahora, una vez descansada, piensa seguir el confinamiento con entrenamientos online desde sus redes sociales. Así que en @serenajuanlobato de Instagram podéis seguir estos ejercicios desde casa.

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