Retratos para la cuarentena, el aplauso pictórico a los trabajadores esenciales

Retratos para la cuarentena, el aplauso pictórico a los trabajadores esenciales

La idea nació en el seno de un grupo de pintores, “Retratistas Nómadas”, que se juntan los domingos en Madrid para pintar del natural. Como el coronavirus empezaba a extenderse, optaron por suspender las salidas y crear un grupo online, con la idea de seguir compartiendo su afición por el retrato. Lo llamaron #‎retrarrestodomiciliario. El poder de internet hizo que se multiplicaran rápidamente, y lo más interesante: “Nos dimos cuenta de que podíamos colaborar de alguna manera”, recuerda Gema Guaylupo, una de las impulsoras.

Por eso, apenas una semana después del confinamiento forzoso, surgió la causa común con la que aportar su grano de arena en la pandemia: homenajear y agradecer con sus pinceles la labor de quienes se ven cara a cara con el virus, mascarilla de por medio. Había nacido “Retratos para la cuarentena”, una iniciativa que lleva ya más de 1.200 dibujos entregados y en la que participan más de 150 dibujantes de todas las edades y procedencias, incluso de fuera de España, con diferentes técnicas y estilos pictóricos. Unos curtidos en salas de exposiciones, otros maestros en las aulas, y algunos simplemente aficionados. 

Los primeros retratados fueron los mayores a los que estaban aislando en las habitaciones de las residencias, empezando un centro de Guadalajara, con cuyos trabajadores contactaron para que hicieran las fotos a los internos, con el permiso de la familia. “Empezó a conocerse, boca a boca, y pronto éramos 20 o 30 dibujantes del grupo continuamente dibujando”, prosigue Gema. Crecía el grupo de artistas y crecía la demanda, en la que cabían todos los trabajadores esenciales: sanitarios, por supuesto, pero también reponedores de supermercados, policías, bomberos, limpiadores… Empezaron a recibir fotografías y a asignar peticiones, por orden de llegada, a los voluntarios de los pinceles, de una lista que a día de hoy sigue creciendo.

Porque este es básicamente el sistema. El interesado envía un correo a retratosparalacuarentena@gmail.com con la fotografía de la persona a la que quiere hacer el regalo, y al cabo de una semana, más o menos, ya tiene el dibujo. Puede ser clásico o tipo cómic, dependiendo del autor que toque en suerte, entre los que hay materiales, estilos y técnicas variados, desde el acrílico al carboncillo, pasando por la acuarela. 

El “núcleo duro” de este grupo, encargado de la gestión y la publicación, está integrado por Gema Guaylupo, Cristina Rodizza, Francisco Gonzalez Añón, Mar Olona, Eugenio López De Quintana, Maria José Acosta, Nanda Cabaleiro Ferreiro, Vir Labra, Delia Martín, María Herrera Tello y Chenza Chenzi. Las fotografías nunca se publican, pero sí las obras, si lo autoriza el solicitante. De manera que el grupo de Facebook se va llenando de trazos y colores, en imágenes clasificadas en las carpetas de “nuestros mayores”, “sanitari@s”, “cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado” y “colectiv@s”. Y desde hace unos días, también aparece en Instagram

“Las fotos que nos mandan son de los lugares donde están trabajando, para evitar que nos lleguen fotos personales, y se ve que es gente que está en primera línea”, precisa Eugenio, quien destaca que “en los momentos más duros, cuando la gente estaba trabajando en una situación extenuante, encontraba de interés recibir un dibujo, y hacía hueco en su día a día para pedirlo”. 

Algunos posan haciendo el signo de la victoria, levantan el pulgar o forman la silueta un corazón con ambas manos. Con frecuencia aparecen con las mascarillas puestas, y lo más curioso: “Muy pocas fotografías tienen la cara seria. La gente sonríe, y se nota aunque lleven la mascarilla, se sonríe con los ojos también”, relata Gema.

Y no solo se atavían con los EPI. Unas sevillanas posaron con sus peinetas y mantillas, hechas con bolsas de basura, en plena Semana Santa. Y fue impresionante recibir una foto con los protagonistas vestidos con sacos de fertilizante: “Era muy colorido de dibujar, pero aquello significaba que se tenían que hacer su propia ropa de protección”, recuerda Gema. Y para encargo complicado, el del posado de más de cuarenta trabajadores a la puerta de la residencia Amavir de Usera.

Floren Turégano.

Detrás de cada imagen, una historia. Detrás de cada petición, un motivo. Desde el que quiere animar al abuelo en la residencia, hasta el que pretende agradecer al operario que ve por la ventana fumigar las calles de su pueblo, sin saber siquiera su nombre. Desde el agradecimiento de la jefa al equipo de enfermeras sin descanso, las autodenominadas “guerreras”, hasta la sorpresa a la pareja que está trabajando en primera línea. “También se puede pedir para uno mismo”, recuerda Cristina.

La reacción de los retratados es de inmensa gratitud. Unas jóvenes de Cartagena, montaron tal escandalera cuando vieron el dibujo, que la gente que esperaba a la puerta del establecimiento donde trabajaban se asustó. Chenza comenta varios correos de agradecimiento recibidos, como el de las enfermeras que han colgado el retrato de grupo en el control de enfermería: “No me esperaba que este dibujo les pudiera gustar tanto y dar ese subidón de energía”. 

Entrevista con parte del equipo gestor.

Pintores esenciales

Los pintores están muy satisfechos por lo logrado, porque ven que su arte es un bálsamo, no solo para los retratados, sino para los autores. “Es terapéutico”, apunta Cristina, máxime cuando algunos artistas del grupo incluso están contagiados. “Hay gente que ha perdido el ánimo para pintar, y con esto dicen que han pasado de no tener ninguna gana a apetecerles muchísimo”, añade Delia. 

Todo de forma desinteresada, porque es su forma solidaria de contribuir, no porque las obras resultantes no tengan muchísimo valor, que no hay más que verlas. Pero sobre todo, destacan que la fuerza de su iniciativa está en que sea un proyecto colectivo. 

Acostumbrados a pintar en un rincón aislado de la casa o a abstraerse en su mundo, los pintores ven que encuentran su lugar en esta pandemia. Y que el arte es apreciado. Por eso quieren lanzar un mensaje, por boca de Gema, para cuando lo peor haya pasado: “Hemos visto que la gente en estos momentos se acerca al arte para entretenerse, para pasarlo bien con los niños y todo lo demás. Pero hay que alzar una voz para decir que no se olviden de nosotros cuando no seamos tan necesarios, porque el colectivo artístico va a ser uno de los más dañados a posteriori. Cuando todo esto acabe, el mundo de la cultura va a estar muy resentido. Hay que concienciar a la sociedad de que no solo hay que acudir a nosotros cuando lo pasa mal, como si fuera una religión, sino que estamos aquí para siempre.”

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