Nuria Martínez, la doctora que recibe mensajes de apoyo de sus vecinos

Nuria Martínez, la doctora que recibe mensajes de apoyo de sus vecinos

Días atrás se hicieron tristemente famosos los carteles de personas insolidarias que pedían a sus vecinos, sanitarios o empleados en trabajos esenciales, que se mudaran de casa para evitar contagiar a los demás residentes. Afortunadamente, la ola de solidaridad ha contrarrestado estos mensajes, y son otros muy distintos los que están recibiendo nuestros héroes. Para muestra, los que han llegado a la puerta de Nuria Martínez, oncóloga radioterápica en un hospital de Madrid, que lleva sobre sus espaldas jornadas interminables de lucha contra la pandemia, pero que ha tenido algunos momentos dulces al llegar a casa.

Retrato realizado por Delia Martín.

Nuria Martínez trabaja en el área de Radiocirugía, aunque en esta época, al tener menor carga de pacientes no urgentes, se presentó voluntaria para reforzar la atención a los aquejados por Covid 19. Algunos días, sobre todo en las primeras semanas, llegaba agotada y tarde a su domicilio, en el que además, no están su marido y sus hijas, que por precaución se han confinado en otra vivienda: “Lo que peor llevo es no verlos”, confiesa. Por eso el primer mensaje anónimo que se encontró en su puerta, hace ya varias semanas, le animó mucho: “Estando sola, se agradece mogollón”. 

“La primera vez no sabía quiénes eran, pero les dejé un cartelito pidiendo que se identificaran, para darles las gracias”, explica, y se sorprendió al saber que no tenía mucha relación con ellos anteriormente. Pero no han sido los únicos: “Los de abajo están igual. Saben que estoy yendo al hospital, y se ofrecieron a comprar lo que haga falta y me lo traen, porque llego tarde y a veces está cerrado. Hasta una niña me ha hecho una chapita que pone mi nombre”, relata.

La doctora Martínez comentó el “detallazo” con su familia, pero no le dio más importancia, hasta que empezó a saber de sanitarios que eran tratados con incomprensión. “Se han calificado como actos de odio. Quiero pensar que en realidad son fruto de un intenso miedo, alimentado por la tensa situación emocional que se crea con este confinamiento. Eso no los justifica ni minimiza el impacto sobre las víctimas. Doblemente víctimas, porque ellas también tienen miedo al contagio y no necesitan añadir más temores y tensión a su día a día”, asegura.

Sin embargo, Nuria está convencida de que la mayor parte de las personas está a la altura de la situación: “La mayoría de la gente se crece en estos momentos de adversidad, y no hay que empañar con eventos aislados tantos buenos gestos y ayudas que se producen día a día”.

Por eso, la oncóloga se decidió a contarlo abiertamente cuando encontró, la semana pasada, un dulce mensaje en su puerta: “No hemos encontrado un huevo de Pascua, pero esperamos que esta tableta te proporcione un ratito dulce”, decía la nota, decorada con mimo, igual que la primera, que acompañaba el chocolate.

Además, quiere tranquilizar a los vecinos, pues los sanitarios son los más conscientes de las vías de contagio. Por eso ella sube y baja siempre andando cuatro pisos, “por no entrar en el ascensor, voy con guantes y mascarilla, y cuanto menos toque, mejor”.

Lo peor ha pasado

Como la labor de Radioterapia no urgente se ha aplazado, buena parte del trabajo actual de la doctora Martínez es de refuerzo de la atención en Urgencias y, sobre todo, el seguimiento de los enfermos en domicilio. Es decir, habla a diario por teléfono (también sábados y domingos) con pacientes que han acudido a Urgencias, y a los que se ha recomendado que sigan su convalecencia en casa. Las primeras semanas, eso suponía decenas de llamadas al día, desde las 9:30 de la mañana hasta… “Un día llamé a un señor que me dijo que no me había cogido el teléfono antes porque estaba aplaudiendo. Yo ni me había dado cuenta de la hora que era”, recuerda.

¿Cuáles son las recomendaciones a estos pacientes que no necesitan ingreso? Nuria Martínez les enseña a medirse la frecuencia cardíaca y también la respiratoria si no tienen oxímetro (agotados en las farmacias y en Amazon). Les pregunta por una serie de síntomas: la temperatura, la diarrea, la tos… y dependiendo de la respuesta, “les digo que vengan a urgencias o que sigan en su domicilio. No pueden estar viniendo a revisarse al hospital, porque es un peligro”. 

Como esta médico, muchos otros profesionales sanitarios de distintas áreas están voluntariamente dedicados a la atención a pacientes de Covid-19, o rellenando un montón de tablas estadísticas y proporcionando datos al Ministerio de Sanidad.

La doctora Martínez reconoce que las jornadas ya no son tan agotadoras, porque la presión se ha reducido. En su hospital han pasado a tener la mitad de ingresos de los que había al principio. Y si antes el 80 por ciento de los pacientes que llegaban a Urgencias eran positivos a Covid-19, ahora son el 20 por ciento. 

No obstante, lo que le preocupa es “cómo nos va a cambiar el futuro. A largo plazo no, porque volveremos a ser los que éramos. En España somos así, y no nos vamos a poner a saludar con el codo. Pero ahora de momento está todo el mundo acojonado. No sé si volveremos a ver a los jóvenes compartiendo los ‘minis’”.

De momento, lo que siente es una profunda gratitud: “¡Gracias, vecinos! No era necesario, pero… ¡qué bienvenidos esos mensajes de cariño! Recordad: Siempre es más la buena gente, aunque la mala haga más “ruido”.

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