Kenopsia y coronavirus: reflexiones de Ángel Uzquiza

Kenopsia y coronavirus: reflexiones de Ángel Uzquiza

La kenopsia es la emoción que sentimos ante la inquietante atmósfera producida por la visión de un lugar vacío, que normalmente está lleno de gente, pero que permanece abandonado y tranquilo.

Estos días son muy extraños. Miro a través del cristal de mi ventana y siento que el mundo se ha parado como si fuera una foto instantánea, vacía, sin ruido, sin movimiento, sin nadie… Y un extraño sentimiento invade mi alma, una emoción que nunca había sentido hasta ahora y que tiene un nombre extraño y antiguo: Kenopsia. (Composición lingüística de origen griego formada por las palabras kénosis (vaciamiento) + opsis (observar).

Comparto este sentimiento con mis allegados, a través de herramientas digitales y llamadas telefónicas, y todos me dicen que sienten lo mismo: «… es como raro.», «… yo creo que es miedo», «… es incertidumbre», «…nunca antes nos había pasado esto.». Todos sienten lo mismo, pero nadie es capaz de explicarse con claridad.

Pensando en cómo hemos llegado a estar tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, y en cómo hemos llegado a sentir esta emoción tan incómoda, me vienen a la cabeza muchas preguntas: ¿Acaso es que no hemos sabido calcular el tamaño de este escenario tan distópico?, ¿nos estaremos equivocando y nos hemos olvidado de algo importante?, ¿es el ritmo de la vida que cada vez va más rápido y pasamos por alto los básicos?, ¿y cuáles son mis básicos?, ¿cuáles son tus básicos?…

No me cabe duda alguna de que cada persona tiene sus valores y sus principios, pero lo importante no es tenerlos, sino saber cuáles son los de cada uno, ser conscientes de lo que verdaderamente nos atrapa, nos libera, nos motiva, y saber priorizar para poder sacarle el jugo a cada emoción, a cada imagen, a cada sonido, a cada recuerdo y a cada detalle. Se nos han olvidado los detalles. Hemos pasado por alto cosas que dábamos por hecho que siempre iban a ocurrir, o que siempre iban a estar ahí.

Estos días de paréntesis, de inquietud, de #coronavirus infernal, he observado y analizado mucho las diferentes conductas de las personas que salían en TV, en las redes sociales y en las plataformas digitales, en la radio y en la prensa: políticos, expertos científicos, psicólogos, militares… y por supuesto, cada una contando su perspectiva de la historia que estamos viviendo. Pero todas coinciden en algo: Esta vez el enemigo es invisible, traicionero, silencioso, peligroso… y no tenemos experiencia de cómo enfrentarnos a él. Aprendemos de otros países que acaban de pasar o están pasando por lo mismo que nosotros, nos empapamos de noticias que están ocurriendo en otros lugares que el virus ha visitado unos días o unas semanas antes, intentando discernir entre lo que hay que hacer y lo que no, pasamos las horas sobresaturándonos de información, somos verdaderos informívoros, porque necesitamos una explicación, un porqué racional de lo que está ocurriendo. Pero a la vez ocurre y casi al mismo tiempo, que comenzamos a mirarnos hacia dentro, a dialogar con nosotros mismos y vencemos el miedo a escuchar a nuestro Yo más íntimo.

Qué paradoja, el virus que nos ha traído la desgracia nos conecta con el mundo exterior en la búsqueda de información que dé sentido a todo esto y nos priva de salir de casa, obligándonos a hablar con nosotros mismos.

Esta situación es única y debemos aprovecharla. Es hora de revisitarnos por dentro, de conectar con aquellas emociones escondidas, atrapadas por el día a día por las excusas, por la falta de tiempo, por el trabajo y por las rutinas sin sentido. Aprovechemos este confinamiento forzoso para renacer de nuestras propias cenizas.

Si no lo habéis hecho ya, os animo a que lo hagáis, ya que cuando todo esto pase -porque estoy seguro de que pasará-, nuestros abrazos serán más intensos, nuestros besos y caricias serán nuevos, sinceros, auténticos y cargados con el peso de una mirada interior profunda y transparente. Nos comunicaremos de manera más franca, sabiendo priorizar en nuestras vidas, porque estaremos seguros de lo que es importante y lo que no. Saldremos fortalecidos esta vez, habiendo aprendido que la verdadera fortaleza está en ser capaz de entrar y salir de nosotros mismos, sin ser provocados por nada ni por nadie, sin miedo, con serenidad, con optimismo y esperanza, y sabiendo cuáles son las cosas que verdaderamente nos importan. Porque nuestros seres queridos y aquellos que se hayan quedado en el camino, nos lo agradecerán. Se lo debemos.

Canción de Lucía Gil ( Volveremos A Brindar )

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