Jorge Puga, desde la consulta psicológica, ahora forzosamente online

Jorge Puga, desde la consulta psicológica, ahora forzosamente online

Para el psicólogo Jorge Puga, utilizar las tecnologías de comunicación para atender a los pacientes no es ninguna novedad. Con una larga trayectoria a sus espaldas -dos décadas como investigador y coordinador en el Instituto de Investigación y Asistencia Psiquiátrica de Madrid – muchas veces ha establecido videoconferencias con personas que viajaban o vivían lejos. Ahora es la mejor opción para evitar el riesgo de contagio, porque, lógicamente, las citas no pueden anularse. 

Puga, que trata de forma ambulatoria pacientes críticos, precisa que los tratamientos institucionales y convencionales incluyen sesiones semanales en la primera etapa del tratamiento; una segunda etapa con menor frecuencia, cuando el paciente está mejor; y una tercera, con periodicidad mucho más distante, una o dos veces por mes. “Yo tengo una población de pacientes en cualquiera de estas tres etapas e indudablemente las sesiones caen en los días en que estamos confinados”. 

Más allá de la confusión que nos causa la pandemia, Puga nos invita a reflexionar y descubrir la gran oportunidad que encierra esta crisis: “En todos los lugares cambiaron muchas medidas en el abordaje de la pandemia, pero hay una condición que todos compartimos, que es la consigna de quedarse en la casa. Quedarse en la casa trae muchos inconvenientes, pero también nos da la gran oportunidad de superar muchos problemas”. Por eso, un aspecto importante que se habla con los pacientes se refiere a cómo organizamos el día a día en cuarentena: “En  estos momento en que estamos todos confinados en casa, podemos empezar a corregir hábitos, -asegura-. Al caer la actividad y al poder estar en casa, empiezan a surgir un montón de aspectos que estaban distantes del hombre medio: los tiempos de los hijos, el aprovechamiento de ese tiempo, el uso del móvil…”.

La recomendación del psicólogo incide en “todos los hábitos que hacen el día a día, debemos sostenerlos y corregir los desvíos ahora. Realmente es una oportunidad para encontrarnos con la familia y poder distribuir también nuestras responsabilidades en casa. Podemos generar una cultura nueva”.  El principal objetivo que tenemos, por tanto, que lograr en este tiempo de confinamiento es «corregir y lograr la mejor administración de nuestro tiempo, una de las mayores debilidades de nuestra sociedad».

Puga asume que el confinamiento no ayuda a las distintas patologías. “Estas situaciones son aceleradores o disparadores de conflictos”, admite. Pero salvando estos casos, “en la generalidad de lo que nos pasa cotidianamente, que estamos sobrecargados de horas, que no tenemos el seguimiento de nuestros hijos, o no tenemos logrados los hábitos y las responsabilidades del hogar, esto es una oportunidad de volver a empezar y generar todos esos criterios, corregir las debilidades que tiene esa planificación del día a día, ahora que estamos todos juntos, y que podemos hacer una rutina que nos va a habituar. Y seguro que después, en un segundo tiempo, esta rutina es muy simple de llevar”.

Para establecer esa nueva cultura, el psicólogo recomienda hablar con todos los miembros de la familia, “no desde el mandato, sino desde la razón. Siempre decimos ‘lo haces mal, lo tienes que hacer’, es algo con presión, y nosotros tenemos que golpear el corazón. Es un buen momento para llegar en la comunicación con nuestra familia, para hacernos cargo de todos los problemas que son ajenos a nosotros, el mal uso del tiempo, de la pérdida de tiempo de nuestros hijos, de sus atrasos escolares…”.

Adicciones y confinamiento

Puga, que trabaja entre otros campos las adicciones, destaca dos indicadores que se han dado en estas semanas: el aumento del consumo de alcohol y el crecimiento del uso de redes sociales. En el caso del móvil, por ejemplo, “este es un buen momento para poder organizarnos entre todos y replicar la correcta administración del tiempo. Tenemos que estar en casa, pero tenemos que estar en teletrabajo, o los que no tienen trabajo en búsqueda de trabajo, y los hijos en el estudio, con un refuerzo que nosotros les podemos dar en la escolaridad. En casa tenemos que mantener el tiempo de actividad y no podemos distraernos. También tenemos una muy buena oportunidad para corregir el mal uso del móvil en toda la familia. Tenemos que restringir su uso a unos momentos del día, y nunca la noche, porque el móvil también debe dormir”.

En el caso del alcohol, la recomendación es “los adultos y los jóvenes, restringir totalmente la ingesta alcohólica, porque el alcohol es un depresor, nos saca de la realidad y nos lleva a estados que son totalmente maníacos, de embriaguez y de pasar el tiempo”.

En el plano educativo, Puga, quien también ha sido docente en la Universidad de Alcalá de Henares, considera que es buen momento para abordar el retraso escolar, “sobre todo los parámetros más importantes para llevar a cabo realmente el rendimiento de una materia, que es todos los días hacer la tarea o hacer el resumen. La primera raíz del fracaso escolar es no saber estudiar. Esto lo podemos hacer porque tenemos 1 o 2 meses para llevar día a día realmente un control”.

Pero hay que aplicar estas premisas a todos los parámetros. Así, “en las horas de sueño yo duermo, en las horas de estar activo estoy activo, y tengo una semana lógica, dentro del día a día, y no pierdo el training”. 

Cuando la cuarentena se prolonga

En esta situación especial, es lógico que afloren problemas que antes estaban más ocultos: “Todos los síntomas y todos los rasgos de nuestra personalidad, cuando hay una crisis aumentan. Si nosotros estamos viviendo un duelo, una depresión menor, porque se nos muere un pariente próximo y vamos a entrar en una depresión, va a amplificar todos nuestros rasgos: si tenemos una ingesta tabáquica, vamos a fumar el doble. O sea, se nos amplifican todos aquellos rasgos, indicadores, conflictos o síntomas… y todo ello aumenta mucho más el conflicto”, explica.

A veces, aparecen las excusas para posponer nuestros problemas: “Es una oportunidad de cambio pero es también un peligro, el de quedar a atrapado en la crisis”. Por eso, contrapone el ejemplo de un ataque cardíaco que se supera, y que al 80 por ciento de los que sobreviven les lleva a dejar de fumar, por el susto. “Una crisis nos puede ayudar a un cambio, siembre tiene una oportunidad. Nosotros podemos, por el shock, entrar en razones”. 

Este experto en el comportamiento humano considera que todavía estamos viviendo “la primera etapa de todas las crisis, como la primera etapa del duelo” y aún no se han dado conductas extremas. Estamos viviendo un periodo en el que predominan las emociones, y respuestas sociales como aplaudir a los sanitarios, en las que también se da “el desahogo, algunas expresiones de felicidad, de distendernos entre los vecinos…”. Pero, augura que con el paso de los días, con los problemas laborales y económicos, “vamos a encontrar otras conductas”. Y además de mayor angustia, mayor protesta social alimentada por el enfrentamiento político, los bulos que circulas por las redes… “hay gente dentro de una crisis que empieza a movilizarse y a desatar su descontrol. Eso va en aumento y puede ser un polvorín. Va a ser una situación dura y no sabemos cuál va a ser el costo de su final. Por eso tenemos que aprovechar lo que se presenta día a día”.

Por eso, su consejo es: “No nos tenemos que identificar con el agresor, no podemos dejarnos ganar por el trauma de una crisis. Tenemos que superar eso. Tenemos que buscar una solución a los problemas haciendo”.

Cuando el confinamiento acabe

Después de más de tres semanas de encierro, también podemos  pensar en lo que vendrá después, aunque “el día después no lo conocemos, no lo podemos inferir, por eso tenemos que ser previsores, no podemos perder el tiempo. Porque no sabemos si vamos a tener escolaridad, si poco a poco vamos a integrarnos escalonadamente… No sabemos si vamos a tener trabajo, pero podemos hacer una lista de contactos, llamar a todos, una lista de empresas de trabajo temporal… podemos anticiparnos para poder lanzarnos en el día que esto termine”.

¿Y cómo mantenemos esos hábitos corregidos en una situación excepcional, cuando recobremos nuestra vida cotidiana? El psicólogo responde: “Cuando volvemos de vacaciones, siempre nos cuesta retomar el ritmo, pero estas fechas que son más extensas que unas vacaciones y no tenemos un horizonte de salida, tenemos que aprovechar el tiempo. Y tenemos que mantener una rutina física e intelectual. Mantener los hábitos ya es un logro, distribuir las responsabilidades ya es un logro, porque al menos cuando estemos en casa todos sabemos lo que vamos a hacer, porque es un acuerdo que hacemos con nuestros hijos, de cambiar la rutina”.

Tres objetivos principales

En resumen, el psicólogo destaca los tres objetivos más importantes que podemos marcarnos en este confinamiento:

  • La administración correcta del tiempo, sosteniendo nuestras actividades y descanso semanales (replicando los horarios, las tareas y las actividades físicas).
  • Apoyo y tutelaje escolar de nuestros hijos, optimizando su rendimiento y corrigiendo su fracaso.
  • Mejora de hábitos y responsabilidades personales y familiares: uso correcto del móvil, tareas del hogar, ingesta de sólidos y líquidos y mejora de la comunicación familiar y de pareja.

Como mensaje final, el especialista incide en que “si perdemos los hábitos y perdemos el tiempo, siempre vamos a tener un costo que va a ser totalmente negativo y a nuestra prole le vamos a dejar una enseñanza: Que cuando se paran las cosas, nos paramos. Y cuando se paran las cosas, nosotros tenemos que seguir en movimiento, porque esa es la razón del éxito”.

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