Inés Planas, desde el mostrador de la farmacia

Inés Planas, desde el mostrador de la farmacia

Inés Planas es farmacéutica. Trabaja en prácticas en un gran laboratorio, y dos fines de semana al mes atiende una oficina de farmacia. Desde que se extendió la Covid-19, ha tenido que dedicar muchas más horas a este último trabajo, dispensando medicamentos todos los fines de semana, haciendo refuerzos y supliendo a los empleados que caen enfermos o tienen algún síntoma. En esta farmacia cercana a un hospital madrileño, entre llamadas de teléfono y pacientes que recogen sus fármacos, atiende a las preguntas de The Corona Times para aportar su doble punto de vista: desde el mostrador y desde la industria. 

¿Cómo ha cambiado la forma de trabajar en la farmacia? ¿Qué medidas de protección toma?

Nos han puesto una mampara para atender a través de ella. La semana pasada no teníamos mascarillas, ni para el público ni nos llegaban para nosotros. Ahora ya sí, atendemos con mascarillas y guantes. Los primeros días es difícil, porque no tenemos por costumbre usar guantes, ponernos el gel en cada dispensación, no tocar la mascarilla… Hay que estar mucho más consciente, para que sea todo lo más higiénico posible.  Al principio me daba un poco de miedo de no estar haciéndolo bien, pero una vez que cogí el ritmo ya veo todo normal.

¿Los clientes de la farmacia también se protegen?

Hay dos tipos de persona: los que no quieren tocar nada y hacen todo bien, y los que no están cumpliendo las recomendaciones, que los sigue habiendo. 

¿Ha cambiado la afluencia o también el tipo de peticiones?

Las primeras semanas fue mucho más ajetreado. En enero y sobre todo en febrero fue esa psicosis de que todo el mundo quería mascarilla y guantes, geles… se agotaron todos. Al principio la gente lo compraba un poco por inercia, o por las ansias, pero creo que nadie realmente consciente de lo que se avecinaba. Fue una completa locura.

Ahora ya el flujo de gente es mucho menor. Casi todos vienen para recoger su medicación, para recoger la medicación de otra persona y también para consultar. Vienen a goteo y muchos llaman por teléfono para resolver dudas, porque han cambiado muchas cosas respecto a la medicación que se puede dispensar. Preguntan si recogen la medicación aquí o en el hospital o consultas generales para evitar ir al médico. Se está dando un servicio diferente al habitual. Y se están permitiendo algunas excepciones. Normalmente no se permitía la dispensación sin la tarjeta, y ahora se permite, tecleando el número, de manera excepcional. Ahora estamos recibiendo más llamadas para encargar la medicación.

¿Por temor al desabastecimiento? ¿Hay menos existencias?

Los problemas de desabastecimiento no son más de los habituales. Nosotros estamos teniendo problemas con el Dolquine (hidroxicloroquina). Los enfermos que están en tratamiento crónico han visto peligrar en algunos momentos el stock, y se ha establecido un protocolo de dispensación especial para ellos: lo pedimos y se lo dispensamos aquí. Para los que son casos de Covid, se dispensa en el hospital. El resto de productos tienen el abastecimiento normal, excepto geles, alcohol…

¿Qué opinas de las declaraciones de Fernando Simón, el director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias, quien dijo que los farmacéuticos no corren más riesgo que en otros establecimientos que tienen contacto con el público?

Fueron frases muy inoportunas. Todos los establecimientos que están abiertos ahora corren riesgos, pero nosotros, de 10 personas que atendemos, 7 han venido a recoger su medicación cuando han salido del hospital o porque les hace falta. Esas personas que vienen aquí espero que no vayan al supermercado. Esto no deja de ser un vector más de transmisión.

En cuanto al papel de la industria farmacéutica en esta crisis, ¿qué cambios está viendo?

Muchas de las empresas que tienen fábricas han podido cambiar su producción, sobre todo las de dermocosmética, que en vez de producir cremas están haciendo geles hidroalcohólicos para cubrir la falta de abastecimiento que hay de los laboratorios tradicionales. En cuanto a la parte más comercial, como la visita médica, todos están parados y estamos concienciados de que ahora no es el momento de estar en contacto con los médicos, porque están desbordados. Se les está respetando. Y luego, las industrias que han podido  han hecho la aportación de mascarillas y de material sanitario que hace falta.

¿Y la investigación?

Para fabricar un medicamento nuevo el proceso es más largo. Por lo que yo sé, además de las líneas nuevas que se están abriendo, se está haciendo investigación con medicamentos que ya están comercializados, porque así es más fácil. Sí se están haciendo muchos tratamientos experimentales en los hospitales, como el Dolquine en combinación con la azitromicina, que es uno de los que está siendo más conocido ahora, pero hay muchas más líneas de investigación abiertas.  

¿Qué nos recomienda si tentemos que ir a la farmacia? 

Me estoy dando cuenta de que hay mucha gente que viene con mascarilla o con guantes, pero hay que hacer un buen uso de ellos. Si no nos quitamos los guantes correctamente o empezamos a mover la mascarilla como si fuera un antifaz de quita y pon, nos da una sensación de seguridad que es falsa. Lo fundamental es la higiene, respetar las distancias, respetar el número de personas que pueden estar dentro de la farmacia, e intentar venir una sola vez a recoger toda la medicación. Se puede llamar a la farmacia primero para preguntar si tienen un medicamento en concreto. Respetar todas las recomendaciones que se están haciendo de manera general.

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