Gloria Magro, azafata afectada por un ERTE

Gloria Magro, azafata afectada por un ERTE

Según los últimos datos oficiales, hay en España  562.900 personas afectadas por Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, con unas siglas (ERTE) que se nos han vuelto desgraciadamente familiares. Una de las caras detrás de estas cifras es Gloria Magro, tripulante de vuelo en una compañía área, uno de los sectores más afectados por la pandemia. 

A consecuencia de la Covid-19, su empresa ha disminuido notablemente la actividad, que se reduce a vuelos de repatriación y servicios que requiere el Gobierno. Estas operaciones, las tareas administrativas (muchas en teletrabajo) y de mantenimiento, se mantienen porque “parar una aerolínea significa parar una maquinaria muy bien engrasada que luego costaría mucho poner en marcha”, según Gloria Magro. Pero desde el 1 de abril, alrededor del 80 por ciento de la plantilla está temporalmente en paro. Afortunadamente, la compañía ofreció a los trabajadores la posibilidad de incorporarse al ERTE o seguir volando, “siempre de acuerdo con las necesidades de la empresa; algunos querían seguir volando pero no hay vuelos para ellos y no han tenido más remedio que acogerse también al ERTE”. 

Ser parte del expediente implica un aspecto formal, que no ha sido complicado: “Ahora los trámites online permiten que la empresa se encargue de todo, que la Administración lo gestione y no tengamos que hacer prácticamente nada. De hecho, la firma de los documentos ha sido online”. También es una cuestión económica, que en este caso no es muy dura: “La empresa va a complementar el ERTE, de acuerdo con los salarios de cada cual. La gente que menos cobraba en la compañía, por antigüedad, va a ver incrementado más su pago del ERTE que las personas que tienen un salario más alto, de manera que sea todo equilibrado y no haya mucho sufrimiento”.

Y tampoco se queja la tripulante de cabina respecto a los plazos: el lunes 5 de mayo, como muchos afectados por los ERTE en España, recibió la mensualidad del Sistema Estatal de Empleo, lo que se añade a la paga de beneficios que cobró por adelantado en abril.

Pero además de los aspectos formales, está la vivencia personal, sobre todo la incertidumbre de los primeros días, y el fondo de la cuestión, convertirse en parada: “Yo hacía más de 20 años que no pisaba una oficina de empleo, y daba un poco de miedo, a mi edad, volver a ser una persona desempleada de facto. Si no se puede volar, ¿dónde voy? ¿qué sé hacer yo?”, se preguntaba.

Un sector esencial

Gloria Magro confía en que la aerolínea pueda aguantar hasta la recuperación, porque es una industria esencial, aunque es consciente que los vuelos internacionales no se abrirán hasta la fase final de la desescalada. “En cuanto se ponga en marcha el sector aéreo, se necesita mucho personal para el servicio”, asegura.

Evidentemente habrá cambios. Ya hay previsto “un plan de contingencia para hacer un entorno laboral seguro, tanto en oficinas como en los aeropuertos”, que incluye test a todos los trabajadores que se incorporen a tareas presenciales. Más difícil será determinar cómo mantener la distancia social a bordo: “Supongo que habrá disposiciones a nivel nacional e internacional, -expresa- porque requieren modificar estructuralmente los aparatos y eso no lo puede decidir una compañía; el constructor lo tiene que certificar. No pueden ser cambios para una semana o para un mes. Supone tener aviones parados y no va a ser fácil”.

Pero de lo que esta tripulante de vuelo está convencida es de que la actividad aérea, a la larga, “se recuperará. El mundo se mueve y es algo inherente al ser humano; la gente se quiere mover y rápido, porque la tecnología lo permite, no vamos a ir en barco”. Gloria Magro admite que, con el auge forzoso del teletrabajo y las reuniones online, quizá durante un tiempo se resientan los viajes de negocios y la asistencia a congresos internacionales, “pero hay muchas empresas que necesitan hacer un control presencial de sus intereses en otros países. El mundo está globalizado y nadie se va a quedar quieto por esto. Les costará más arrancar, pero volverán a moverse”. 

La tripulante de cabina piensa especialmente en ciudadanos de cultura muy viajera, como argentinos, japoneses, británicos o norteamericanos. Y en cuanto al turismo, también es optimista: “Ya sabemos que muchas veces es más barato ir al Caribe que a Canarias. A Canarias irán los alemanes, y nosotros, a Santo Domingo. Al final, muchos quieren conocer Nueva York o Cuba, y eso no cambiará”.

Leave a Reply

Your email address will not be published.