Gloria de Arriba, combatiendo con fuerza al cáncer en cuarentena

Gloria de Arriba, combatiendo con fuerza al cáncer en cuarentena

Para Gloria de Arriba, la declaración del estado de alarma por el coronavirus prácticamente coincidió con una noticia, también referente a la salud, pero que le afectaba directamente: Se confirmaba su diagnóstico de cáncer de mama. Esos días en que cada casa, cada familia se preparaba para la cuarentena, Gloria practicó una especie de confinamiento interior: “Estuve ese fin de semana conmigo misma, dediqué mucho tiempo a la reflexión, a pensar despacio, porque son muchos sentimientos encontrados”.

Pero pasado el primer momento, está afrontando la enfermedad con una actitud encomiable. “No me planteo de otra manera las cosas; soy como soy. Es un trabajo de cada día. Hay momentos en que me asalta la duda, pero lo que me ayuda muchísimo es estar presente, el aquí y el ahora, no el mañana ni el pasado mañana. Para mí es fundamental”, cuenta.

Esta paciente es consciente de que su tratamiento se ha adaptado a las circunstancias. “Mi oncóloga calibra muy bien la situación”, asegura. Por un lado, la necesidad de atajar el tumor cuanto antes, y por otro, el riesgo de contagio en un organismo inmunodeprimido por la quimioterapia, y la saturación de los hospitales. “Van a tratar de ponerme la medicación que es un poco más fuerte, una quimioterapia no dirigida, cada tres semanas, para que no vaya al hospital muy seguido. Podríamos empezar por una quimioterapia más suave, una vez a la semana, durante 12 semanas, evitando muchos efectos secundarios. Pero los doctores no quieren bajo ningún concepto que las personas que tenemos el sistema inmune ‘tocado’ vayamos al hospital muy seguido”.

Lo que no cambia, o no varía especialmente, es el confinamiento. En su caso, con su marido y con un hijo de 10 años. Gloria solo sale para ir al hospital. En casa procura alimentarse lo más sano posible y, lo que considera clave siempre, pero más aún después del diagnóstico, hace deporte. Es una herramienta fundamental para mantener el equilibrio psicológico y físico, en su lucha contra la enfermedad y contra el encierro. Por eso, “en la medida que puedo y me lo permiten los efectos secundarios, hago ejercicio todos los días”.

Con el visto bueno de la oncóloga para hacer deporte, esta mujer se levanta cada día pensando en qué puede hacer. Hay días en que no puede mantener los 5 kilómetros diarios de carrera en cinta que hacía antes de empezar el tratamiento, pero lo cambia por una rutina de ejercicio más suave. Pero es constante y está convencida de sus beneficios. “A mí el deporte me ha sacado de depresiones y de estados de bloqueo, me ha sacado de algunos atolladeros –relata- ahora me lo impongo más porque sé que me ayuda a afrontar incluso los efectos secundarios. Cuando te encuentras con mucha fatiga o con el cuerpo muy revuelto, te ayuda a oxigenarte y a no estar tan centrada en esos efectos secundarios”.

No hay duda de que el ejercicio y esa actitud constituyen toda una fortaleza. Espera mantener el ánimo, aunque confiesa “hay días que cuesta un poco más”. Pero su mensaje a quien quiera escucharlo es: “Las cosas pasan, y ahora estamos con todo esto encima… pero hay que apechugar con ello, porque es así, no pasa nada. Incluso con una enfermedad y con un tratamiento que ya he empezado, se puede llevar una vida medianamente normal”.

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