El impacto de la COVID-19 en la población infantil: el virus del miedo, por el doctor García Cerrato

El impacto de la COVID-19 en la población infantil: el virus del miedo,  por el doctor García Cerrato

El estrés provocado por la cuarentena, el hecho de que haya muchas personas que no han salido a la calle desde el 14 de marzo, y el miedo al contagio afectan a un número considerable de personas de diferentes grupos, y no todos reaccionan de la misma manera.

Todo no volverá a ser igual, y pasará mucho tiempo hasta que nos adaptemos y recuperemos los hábitos, costumbres e incluso la forma de pensar que teníamos antes de la irrupción de la COVID-19 en nuestra vida.

Estamos a un paso de entrar en la etapa en la que nos sucederá una ola de problemas psicológicos derivados del confinamiento, de la capacidad adaptativa que tenemos cada uno de nosotros, y en la que empezarán a identificarse sintomatologías que deriven en fobias, depresión, miedos, inseguridad e incluso situaciones de pánico. Estamos ante una situación de síndrome de estrés postraumático, que puede llegar a prolongarse durante varios años.

La estancia prolongada en casa ha podido ser el origen de trastornos en la conducta una vez se acabe el confinamiento y empiece la desescalada. En algunos casos, esta nueva situación nos puede llevar a disparar nuestros niveles de ansiedad, generar episodios de depresiones e incluso rechazo social.

El síndrome de la cabaña: Tengo miedo a salir

Es el momento en que las reglas han cambiado, y ya tenemos la oportunidad de salir a la calle. Es el momento que tanto hemos esperado, pero que de repente, no nos motiva como esperábamos, e incluso preferiríamos seguir confinados hasta que todo esté todavía más tranquilo.

Si tienes estos pensamientos, te sientes vulnerable inexplicablemente, e incluso sientes este miedo potencial a salir de casa después de tanto tiempo confinado por la pandemia, es muy posible que estés sufriendo el «Síndrome de la Cabaña», un término que se utiliza y que habla de la incertidumbre y el temor a volver a salir de casa después de tanto tiempo de confinamiento.

Este fenómeno se da normalmente -o lo presentan- personas que han sufrido un secuestro o que han estado recluidas durante mucho tiempo, aislados de sus grupos de referencia, como pueden ser personas ingresadas en estancias hospitalarias durante un largo periodo de tiempo. Es un miedo que hace referencia al temor de cambiar de escenario o entorno.

A lo largo de la historia, se han identificado diferentes grupos sociales con mayor predisposición a sufrir este síndrome, a saber, las personas mayores, los hipocondríacos, aquellos que sienten rechazo social y los niños, pese a la asombrosa capacidad de adaptación frente a los adultos.

Algunos de los principales síntomas y sus manifestaciones

Este síndrome se manifiesta ante una ausencia adaptativa de las personas a una realidad que ha irrumpido dentro de su esquema de normalidad. Es un trastorno del área cognitiva conductual que hace acto de presencia cuando alguien pasa periodos prolongados de aislamiento social.

La inquietud, el miedo, la aparición de episodios o repuntes de posibles crisis nerviosas y episodios depresivos leves son, entre otras, manifestaciones habituales de quien padece esta situación. Los pensamientos irracionales e invasivos irrumpen la mente de forma incontrolada y desbordante, llegando a bloquearnos ante la falta de autocontrol.

Algunas de sus manifestaciones más comunes son:
• Ansiedad
• Depresión
• Soledad
• Impaciencia
• Aburrimiento
• Frustración
• Irritabilidad
• Desasosiego
• Insomnio
• Irritabilidad
• Miedo
• Pánico

Esta nueva situación favorece que todos estos grupos puedan presentarlo en mayor o menor medida. Implica vivir en un constante proceso de ansiedad, desorientación, miedo a la vez que queremos liberarnos y hacemos un esfuerzo de adaptación ante la invasión de noticias, consejos contradictorios y la permanente incertidumbre de la situación, puesto que nos enfrentamos a un enemigo que no podemos ver ni identificar, al que no podemos hacer frente porque es invisible.

¿Quiénes son los más afectados y por qué?

Tal y como hemos comentado, afecta a diferentes colectivos de forma diferencial, pero especialmente a personas mayores, con especial énfasis en aquellas con patologías previas, personas hipocondriacas, adolescentes y niños pequeños, principalmente.

Las personas que tienen más de 65 años, con los que se ha cebado la COVID-19, son un colectivo muy vulnerable y son conscientes de esta situación, lo que está llevando a una situación de auto confinamiento voluntario ante el miedo al contagio.

Obviamente, el colectivo de hipocondriacos, un grupo en el que se amplifica su visibilidad, aunque no es menos cierto, en este caso, que el miedo está justificado, han tenido que adaptarse ante la situación. La conducta compulsiva de confirmación de síntomas vinculados a enfermedades y sus visitas permanentes a centros sanitarios o personal médico han tenido que cambiar. La percepción del riesgo en esta situación poco habitual y la preocupación de contraer un mal por un contagio están generando un conflicto difícil de resolver.

Por otro lado, está el grupo que sufre este primer impacto como algo significativo y repentino que no responde a un razonamiento explicable. Este grupo son los adolescentes, que están siendo muy sensibles a esta situación por el efecto de la infoxicación, o exceso o sobrecarga de información que impide profundizar en los temas que abordas e incluso bloquear la capacidad de respuesta.

Por último, están los niños que, mientras algunos de ellos recibieron esta noticia con euforia, otros han reaccionado negándose a salir con miedo, incluso con pánico. La percepción de esta situación es aversiva, es consecuencia de la información que ha recibido desde que se desencadenó el estado de alarma, y en la medida en que a los niños se les ha mostrado a la COVID-19 como un “monstruo”, algo que genera miedo, algo de lo que hay que huir y esconderse, que está en la calle.

Ahora hay que reconducir esta situación. No todos los niños son iguales ni están en la misma etapa evolutiva. La importancia de la gestión de la información y el modo en que se comunica es vital para facilitar un cambio de respuesta ante esta nueva situación. Los mensajes deben de estar adaptados a la edad, visuales y simples, siempre sin olvidar que hay que seguir en estado de protección puesto que esto no ha terminado.

Trabajar conductas de aproximación a la salida con un ritmo adecuado al niño, puesto que no todos reaccionan igual, ni aceptan esta realidad a la misma velocidad. Rebajar el nivel de ansiedad y miedo a este enemigo invisible pasa por convertir en un juego la progresiva adaptación al nuevo entorno, sin exageraciones y con ejemplos que faciliten la comprensión de la nueva situación.

Claves para mejorar las condiciones de adaptación al nuevo estado

Necesitamos remontar esta situación de una forma segura y adaptativa, minimizando al máximo los riesgos, sin dejar que el miedo se apodere de nuestra vida y mucho menos de la mente de los niños, de la imaginación. Los niños tienen una alta capacidad de adaptación y de recuperación, pero hay que acompañarlos en este proceso.

  1. Lo primero que hay que hacer es «informarse bien», adaptando el mensaje a su edad.
  2. Es importante empezar a trabajar la visualización como un juego; estas deben de ser las primeras aproximaciones previas a su salida.
  3. Es importante evitar forzar la situación y que el niño llegue al límite y que entre en pánico.
  4. No hay que tener prisa. Todos los niños tienen un tiempo de adaptación e interiorización de la situación y de las nuevas reglas.
  5. Es importante reconducir las «conductas de evitación» con prudencia planificada.
  6. Mantener la calma y la tranquilidad en todo momento, sin que nosotros perdamos el control ante la situación. Para el niño, su imaginación es lo que explica la realidad.
  7. Todos tenemos preferencias a la hora de salir: dónde, cuándo y con quién. Es importante la persona de confianza que le ayude y facilite el principio de una primera experiencia.
  8. En situaciones que entendemos como extremas o graves, puede que se requiera buscar el apoyo de un profesional.
  9. El miedo se vence, y esto ocurre cuando desmitificamos las creencias que rodean estos nuevos espacios, cuando hay un mayor reconocimiento del nuevo territorio o zona de exposición.
  10. Hay que darle la máxima normalidad a la situación actual, sin olvidar que tenemos que ir superando la situación. Cuanto más prolongamos el confinamiento, más difícil va a ser volver a la vida normal, teniendo en cuenta que, además tenemos que seguir manteniendo las normas de seguridad, de prevención y ajustarnos a los límites que nos marca la nueva situación.

De momento, todo no volverá a ser igual, y pasará tiempo hasta que los niños puedan interactuar como lo hacían hasta ahora, cosa que no van a comprender dentro del contexto de un pensamiento muy concreto. Tenemos que acompañarlos y apoyar su aprendizaje, instruirles en las nuevas reglas de convivencia como si de un juego se tratase, puesto que hasta determinada edad más avanzada no se desarrolla el pensamiento abstracto.

Mantener una metodología didáctica adecuada a la edad del niño es clave para que el mensaje sea comprensible para este grupo que tanto esfuerzo ha tenido que hacer, sin comprender por qué ha cambiado todo.

¨A nada en la vida se le debe temer. Solo se le debe comprender¨ – Marie Curie.

Francisco García Cerrato es licenciado y doctor en Psicología y licenciado en Ciencias de la Educación y Filosofía por Universidad de Valencia. https://www.facebook.com/Franciscogarciacerrato https://es.linkedin.com/in/francisco-garcia-cerrato-6514bb133 https://twitter.com/Doctorpgarcia

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