Andrea Zambrano, coach de familia y cofundadora de ‘Educar es emocionar’

Andrea Zambrano, coach de familia y cofundadora de ‘Educar es emocionar’

Andrea Zambrano es cofundadora del proyecto “Educar es emocionar” y coautora del libro del mismo título, que explica los fundamentos del método AEIOU. Asesora a familias, niños y empresas, imparte talleres, colabora en medios… en estas semanas, siempre de forma online, “y la verdad es que funciona igual de bien. No sustituye lo presencial, pero no nos queda más remedio, y va bien”, explica.

Estos días la convivencia se ha hecho más intensa. ¿Qué tipo de consultas y problemas le plantean las familias?

Sobre todo llegaron al principio del confinamiento. Creo que la gente ya se ha adaptado un poco y está sobreviviendo como puede. Lo que más me han consultado es cómo compatibilizar el teletrabajo con el cuidado de los niños y las tareas escolares. Otra duda frecuente es cómo explicar lo que pasa a los niños, cómo gestionar sus emociones y cómo evitar trasladarles la sensación de miedo. Cómo gestionar el hecho de que no puedan salir. Estos días en los que estás 24 horas con niños, no tienes espacio para ti, madre o padre, y si teletrabajas, todavía menos. Es mucha tensión acumulada. Los niños necesitan presencia y conexión siempre, pero ahora hay un clima raro -ellos lo notan-, y no tienen iguales, salvo si tienen hermanos: Necesitan más que nunca que estemos con ellos. Eso es difícil cuando tienes que teletrabajar, cocinar, poner lavadoras… Hay padres que están perdiendo los nervios, notan que están más gruñones… y no quieren, claro.

Continuamente repetimos que los niños se están portando bien. ¿Se adaptan mejor a la situación?

Lo de que los niños se están adaptando no es así. Adaptarse no significa que les vaya bien. Lo que ocurre es que los niños no juzgan si está bien o mal. ¿Toca coronavirus? Pues lo viven. Pero eso les comporta una serie de cosas. Para no salir de casa tienen que reprimir unas necesidades básicas, que no siempre se tienen en cuenta, no se visibilizan. Y eso no es gratis, van a pagar un precio por esto. Solo vemos la superficie: los niños están en casa, se han resignado a no salir, pero necesitan el contacto con iguales, necesitan la naturaleza, el ejercicio, etcétera más que nosotros. No lo tienen y lo aceptan, pero al final del día estarán nerviosos y montarán un «pollo». Nosotros lo achacamos a que es por un juguete o por una pelea con el hermano, pero es su forma de sacar la frustración de no tener una necesidad satisfecha. Los niños son más sensibles. Nos quedamos en la superficie de lo están llevando bien, y no. No se están quejando todo el día; entran y salen de la emoción sin juzgarla: lloran, se enfadan y vuelven a jugar. Eso les ayuda a adaptarse, pero no significa que no lo pasen mal.

¿Y los adolescentes?

Puede que en realidad sea más duro para ellos que para los pequeños. Los pequeños quieren estar con papá y mamá y es lo más guay del mundo. Pero la adolescencia es una etapa en la que necesitan tener su mundo lejos de la familia, y por mucho que haya un contacto virtual, no lo pueden tener. Están anclados a su casa y a papá y mamá. Van teniendo acceso vía redes y nuevas tecnologías a sus amigos. Pero se les ha acabado irse al centro comercial y hacer sus planes con sus amigos. Y ese espacio que necesitan no lo están teniendo y no saben cuándo lo van a tener. Tal y como tenían montada la vida, ellos son los más afectados. Necesitan momentos lúdicos. ¿Consejos con ellos? Toneladas de comprensión y mucha empatía, darles permiso para sentir lo que sienten y ponerle palabras.

Los niños siempre han reclamado más tiempo con sus padres y los padres siempre se han quejado de falta de tiempo. Pero ahora tampoco podemos dedicarles 24 horas.

La parte buena es que ahora, salvo algunos teletrabajos con horario rígido, los adultos no vamos con el reloj y con las prisas. Te levantas más tranquilo y te vas a dormir más tranquilo, tienes más calidad en la presencia. Y el vínculo es mucho más estrecho. Hay más tiempo para saborear las cosas, jugar a juegos que no has jugado, aguzar la creatividad… y eso es muy enriquecedor. Por otro lado hay momentos en que tienes que hacer cosas y hay más tensión, porque tus hijos no entienden que, aunque estás en casa, tienen que respetar tu trabajo y tu espacio. Es el gran reto de la conciliación y ojalá esto sirva para visibilizar la incompatibilidad. También pienso que los niños, cuando estás conectado con ellos y les explicas las cosas, son seres empáticos que pueden colaborar. Pero hay que explicarlo de forma amable, amorosa, pidiendo la colaboración y confiando en ellos. Es un trabajo de fondo. 

¿Cómo aborda esta convivencia forzosa el método AEIOU?

Son herramientas basadas en coaching para educar construyendo la relación, conectando con tu hijo, porque según este método la relación es lo primero. Lo que conecta con tu hijo es todo lo que tiene que ver con el hemisferio derecho: la emoción la creatividad, el humor, la flexibilidad… y lo que te desconecta es el juicio, el análisis, la rigidez, la imposición… que no digo que no se pueden utilizar, pero primero conecta y luego redirige. Lo más importante es la conexión con tu hijo. Todo lo demás lo podrás capear, vendrán temporales, pero tendrás bien conectado a tu hijo. Ahora es un momento estupendo para generar conexión.

Ahora los niños van a poder salir, pero no podrán hacer lo que les gustaría fuera. ¿No les decepcionará después de tantas expectativas? ¿Cómo les preparamos?

Confiando mucho en ellos. Igual que han sido capaces de asumir el confinamiento y han estado a la altura, ahora que se les deja salir hay que confiar en ellos. Se les dice que ya saben que está el coronavirus y que por eso mucha gente lo está pasando mal, y que nos han dejado salir, pero como nos podemos contagiar, solo vamos a dar una vuelta; no podemos hacer todo lo que nos gustaría. Si lo hacemos bien, podremos seguir saliendo. Explicarlo de forma que lo comprendan y confiando en que lo van a hacer. Nos van a sorprender. Hay que recordarlo cuando salgan y quieran hacer algo que no se puede. Confiando y dando responsabilidad, los niños responden.

¿Qué enseñanza podemos extraer como familia de este confinamiento?

En estos días, si algo podemos hacer es conectar con los hijos. Creo que si lo hacemos bien, saldremos de esta habiendo conectado y fortalecido mucho más la relación con nuestros hijos. Y eso es oro, porque luego en la adolescencia, vamos a sacar provecho a todo lo que hayamos construido. Y los disfrutamos más si somos capaces de conectar con ellos. Ellos están siempre esperando conectar, que apaguemos nuestra cabeza y estemos con ellos. Es un momento muy propicio para hacerlo.

Andrea Zambrano empezó su carrera profesional como abogada, pero a los 30 años decidió cambiar de rumbo: se formó como Coach PCC y fundó “Educar es Emocionar”, junto a Angeles Jové. 

Andrea Zambrano ofrecerá el taller online «Teletrabajar con peques en casa, ¿realidad o ficción?» el jueves 30 de abril, a las 19:00 h. dentro de la iniciativa #CovidOportunidades. Puedes registrarte aquí.

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